Machu Picchu Llama, Alpaca & Vicuñas
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Habitantes por excelencia de las altas planicies andinas, los camélidos andinos son especies perfectamente adaptadas a su entorno. Dos de ellas -la llama (Lama glama) y la alpaca (Lama pacos)- fueron domesticadas por el hombre andino hace más de diez mil años para servir como bestias de carga, mientras que las otras dos -la vicuña (Vicugna vicugna) y el guanaco (Lama guanicoe) permanecen en estado silvestre, aunque su piel es utilizada por el hombre debido a su alta calidad.

Los camélidos andinos han llegado a tal grado de evolución que logran, por ejemplo, digerir los duros pastos de la puna con un 25 % más de eficiencia que los ovinos. Por su tipo de ramoneo (su manera de alimentarse cortando y no arrancando los tallos) causan menor daño a la planta, evitando la degradación de los pastizales. Sus pezuñas almohadilladas les permiten caminar suavemente, sin erosionar las praderas, a diferencia de los cascos cortantes del ganado vacuno y las pezuñas de los ovinos. Finalmente, se encuentran ecológicamente diferenciados para vivir en los variados ambientes de los Andes, evitando la competencia entre especies. Así, mientras la vicuña prefiere las zonas altas y áridas, donde no pueden vivir otros camélidos, la alpaca habita los bofedales y zonas húmedas, y la llama las laderas.

El Perú posee el 90 % de la población mundial de alpacas, el 82 % de la de vicuñas y el 26 % de la de llamas. En contraposición, poseemos solo el 1% de la población de ovinos del planeta. Los primeros habitantes de las ásperas alturas andinas nos han dejado numerosas muestras de cómo usaron a estos animales como alimento primero, y luego para fabricar su vestido y aprovecharlas finalmente como bestias de carga. En las cuevas de Sumbay, Arequipa, por ejemplo, encontramos vestigios de miles de años de antigüedad en donde se muestra cómo se cazaban las manadas de camélidos que vagaban libres por la puna.

Incluso hoy, es posible observar largas y coloridas caravanas de llameros, enfrentar los duros caminos que atraviesan los Andes, rumbo de los valles bajos para intercambiar sus productos -carne seca y salada, papas y otros tubérculos- por sal, o menaje, de la misma forma como lo hacían sus ancestros. Es casi seguro que, por ejemplo, el suministro de alimentos y artículos suntuarios que eran requeridos para el culto en Machu Picchu, era realizada por caravanas de llamas que eran arriadas desde los puntos más lejanos del imperio.

En cuanto a las especies silvestres, el hombre andino ha aprovechado a la vicuña desde tiempos inmemoriales a causa de su lana, con la que fabricaron finísimos artículos exclusivos de la nobleza de turno. La caza de estos gráciles y elusivos animales estaba prohibida, por lo cual se recurría a una técnica llamada chaccu o ‘arreo a través del cual, miles de hombre y mujeres asidos de las manos formaban un extenso cerco humano alrededor de las tropillas de vicuñas para luego conducirlas a cercos fabricados ex profeso, donde eran trasquiladas. Esta práctica se lleva a cabo hoy en día en diversas partes del país, como la Reserva Nacional Pampa Galeras y las alturas de Arequipa.

El comercio que se realizaba entre los valles interandinos y las zonas de altura no habría sido posible sin el concurso de estas resistentes criaturas, la llama y la alpaca, sobre todo si tomamos en cuenta que la sociedad prehispánica contemplaba la reciprocidad y la complementariedad como bases de su organización. Esto demandaba un tráfico intenso de productos entre zonas productivas que era cubierto por ‘ejércitos de llameros’ que usaban el eficiente sistema de caminos: el Cápac Ñam.

Fichas Técnicas
Llama (Lama glama)
El mayor de las especies de camélidos. Los machos adultos llegan a pesar hasta 155 kg, mientras que las hembras algo mas de 100 kg. Existen dos razas bien definidas: la de pelo corto y escaso vellón, llamada ccara, q'ara o pelada, caracterizada por menor desarrollo de fibra en el cuerpo y ausencia de fibra en la cara, cuelo y piernas; y la lanuda, también llamada ch'aku, es la menos común de las dos variedades. Se asemeja en algo a la alpaca, con fibras largas y finura media.

Alpaca (Lama pacos)
Su coloración es variada, variando desde el blanco al negro y manchado. Los machos alcanzan los 60 kg mientras que las hembras 55 kg. Se reconocen dos grandes variedades en función al tipo y calidad de la fibra. La variedad Huarcaya, caracterizada por tener un vellón parecido al del ovino Corriedale, que crece perpendicularmente al cuerpo, de buena longitud y presencia de ondulaciones; y la variedad Suri, con fibra semejante a la del ovino Lincoln y fibras agrupadas en mechas espiraladas o rizadas que crecen paralelamente al cuerpo. La fibra es ligeramente más fina que la Huacaya, siendo además más lustrosa y sedosa al tacto.

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