Arquitectura Inca - El corazón de la piedra
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Los incas desplegaron un enorme esfuerzo en la construcción de los templos, palacios, centros de administración y red caminera desplegados a lo largo de su vasto territorio en la centuria que dominaron los Andes. La principal motivación para emprender esta ciclópea tarea estuvo relacionada, como apunta Federico Kauffman D., con cuestiones políticas y de control social. Un Estado creciente requería gran cantidad de personal administrativo y religioso, y había que deslumbrar a los pueblos conquistados con grandes obras a la par que se debía movilizar y mantener a un nutrido ejército y a la burocracia estatal.

En ese sentido, la arquitectura inca que todos admiramos posee principalmente una función religiosa y administrativa más que urbana, como lo atestiguan los complejos de Vilcashuamán, Tambo Colorado, Huánuco Pampa y el mismo Machu Picchu. Este modelo, sin embargo, no solo es propio de los incas; recordemos que la arquitectura monumental peruana comenzó hace más de cuatro mil años, en el periodo inicial, con Caral, Las Aldas y luego Chavín, cuyos constructores poco tienen que envidiar a sus pares cusqueños. En lugares como Chan Chan y las huacas de Moche, por ejemplo, se construyeron también grandes espacios ceremoniales rodeados de espacios urbanos modestos y hasta precarios.

Los incas aprendieron estas técnicas, muchas de ellas heredadas del periodo Tiahuanaco-Huari, y las llevaron a una perfección incomparable. Siguiendo una jerarquía, las construcciones urbanas o de uso agrícola y ganadero eran hechas con cantos rodados sin pulir y ajustadas unas a otras con piedras pequeñas. A este tipo de muro se le llama pirca o perqa.

De otro lado, las construcciones estatales y religiosas eran levantadas con piedras labradas, algunas veces de gran tamaño y otras a la manera de un rompecabezas con materiales medianos. Las piedras elegidas eran de gran dureza, como el granito, la diorita y el pórfido, y eran extraídas por lo general de canteras cercanas y llevadas hasta la construcción para ser trabajadas allí.

Se estima que los grandes bloques de piedra eran transportados por caminos arcillosos y húmedos, para aminorar la fricción. No podemos imaginar la gran cantidad de mano de obra que se necesitó para acarrear los gigantescos bloques que dieron forma a Sacsayhuaman o Machu Picchu, acaso mitimaes traídos de lejanos pueblos conquistados o cuadrillas de obreros cumpliendo su mita o trabajo voluntario. Los arquitectos incas elegían el tipo de piedra a usar según la función de la construcción: empleaban piedras medianas para sus construcciones administrativas y viviendas para la nobleza, y piedras enormes para sus fortalezas y lugares de culto. En ambos casos, las rocas eran trabajadas en todos sus lados, no solo en el exterior, de forma que las uniones eran perfectas y entre ellas no entraba ni la punta de un alfiler, asegurando su permanencia en el tiempo. Si a esta solidez se le agrega un eficiente sistema de drenaje y bases sólidas que se hunden en el suelo, se puede afirmar que los muros incas son eternos.

Sin mediar escritura ni planos, los planificadores incas debieron trazar complejos sistemas de andenes, ciudades que penden de un collado en las montañas y edificios cuyos basamentos han perdurado a pesar de los grandes terremotos que han azotado al país. Poco sabemos de los instrumentos que usaron para partir las rocas y modelarlas, o para transportar los grandes bloques que conforman algunos muros. El cronista Betanzos afirma que usaban planos inclinados de tierra, a manera de rampas, que cubrían con greda fina humedecida.

En cuanto al tipo de aparejos empleados, estos no presentan diferencia cronológica alguna, como señala Kauffmann D., aunque sí de función. Así, mientras existían bloques regulares que conformaban paredes casi sin resquicios, como las del Templo del Sol en Machu Picchu; en otras, los bloques regulares eran rebajados en sus junturas hasta formar paredes ‘abombadas’. Otro tipo de aparejo es el llamado poligonal, como el de la calle Hatun Rumiyoc, en Cusco, en el cual las piedras calzan como si se tratara de un rompecabezas, o paredes que combinan piedra en la base y adobe en la parte alta, como en el templo de Raqchi.

Una característica resaltante de la arquitectura inca es el uso de puertas, ventanas y hornacinas de forma trapezoidal, algunas de ellas de doble jamba. En ciertas puertas, como señala Hiram Bingham, se habrían colocado estructuras de madera y paja, que eran amarradas a dispositivos colocados en la parte superior y lateral del vano.