Cosmovisión Inca - El mundo según los incas
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La pirámide social inca estaba formada por el Inca y las panacas reales del Cusco -que comprendía los linajes de todos los gobernantes anteriores- y por las clases populares compuestas por artesanos, pescadores, campesinos, mitimaes o mitmaq y yanas. Entre estos dos estamentos existía una clase de administradores, sacerdotes y visitadores que dependían del Inca y estaban encargados de hacer funcionar el complejo aparato estatal.

Mención especial merecen dos clases de hombres que componían la clase popular sin los cuales gran parte de las obras estatales no habrían podido realizarse. Los mitmaq o mitimaes, eran grandes grupos familiares que eran llevados a lugares alejados de su tierra natal para cumplir tareas específicas como obras de envergadura, vigilancia de puestos fronterizos, pacificación de sitios recién conquistados, entre otros. Estos grupos eran trasladados con sus jefes y estaban obligados a llevar sus ropas típicas y emblemas para poder distinguirse de la población nativa. La condición de mitmaq podía deberse tanto a un castigo como a una demostración de confianza del Inca.

Por su parte, los yanas eran trabajadores estatales desarraigados, que perdían el contacto con sus ayllus y eran también llevados a sitios alejados a cumplir con ciertas tareas. La contraparte femenina de los yanas era la mamacona, el reclutamiento de mujeres jóvenes para servir en los acllahuasis, donde se dedicaban a confeccionar textiles y chicha para fines rituales y de reciprocidad.

Toda esta organización de la vida durante el incario estaba destinada a satisfacer las necesidades de una creciente población. Era una necesidad básica para el Estado -que debía sostener a la nobleza, el ejército y la burocracia- contar con excedentes, sobre todo si contamos con la presencia de sequías o inundaciones que podían echar a perder las cosechas anuales. Es por esta razón que los españoles en su camino al Cusco encontraron grandes colcas llenas de casi todos los alimentos y utensilios necesarios para la vida, desde armas hasta ropa y calzado. Este excedente estatal se hizo posible gracias al trabajo comunal o mita, que todos los hombres debían cumplir con regularidad.

Todo este engranaje que logró asimilar numerosas etnias distintas a lo largo de un vasto territorio no fue suficiente para detener la caída del incario. Hablamos de una sociedad en la que se había cubierto todas las necesidades básicas, en la que sin embargo muchas libertades estaban restringidas a causa del imponente control social. De etnias derrotadas y ansiosas de venganza que se aliaron con los españoles para procurar el fin del Tahuantinsuyu. Y a la vez de un grupo humano capaz de erigir los más grandes monumentos y de labrar casi a su antojo un territorio tan vasto y complejo como el Perú.
Los dioses incas
Desde la aparición de la civilización andina, el ámbito religioso ha estado formado básicamente por las mismas deidades, sufriendo ligeras variaciones en aspecto y en denominaciones. Desde Caral y Chavín hasta Huari e Inca, pasando por los Nasca y Mochica, el dios del agua ha sido el supremo ordenador de la vida en el mundo andino y las imágenes sagradas que lo representan en el arte preincaico dan fe de su importancia en todos los periodos y tiempos de nuestra historia.

Kon, Ai Apaec, Huiracocha, Illapa, son solo máscaras para el gran dios sustentador de la vida que ordena las lluvias en las alturas y con ellas hace posible el trabajo agrícola. Kauffmann D. los llama ‘dioses del sustento’ en alusión a su función en el ciclo de producción de alimentos.

Sabemos por las crónicas que los incas adoraban al Sol, llamado Inti, y por encima de este a Huiracocha, el creador de todas las cosas. Sin embargo, creemos que esta definición corresponde más a una definición hispana que a una andina.

Más que a entes creadores de la materia, los incas adoraban a quienes les proveían los alimentos, de ahí que tengamos una suerte de pareja divina conformada por Huiracocha (el agua) y Pachacámac (la tierra). Nos dice Kauffmann D. que: “en eterno connubio, el dios del agua fertilizaba a la Pachamama. De quebrantarse el equilibrio, de ausentarse las lluvias, la Pachamama dejaba de producir y sobrevenía el hambre y la mortandad”.

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