Los Incas en la Actualidad - Herederos de los Incas
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Detrás de los ciclópeos monumentos incas y del barroco de los templos coloniales del Cusco; más allá del turismo y el cosmopolitismo de una región en constante crecimiento, los herederos de los incas intentan armonizar su identidad con los nuevos tiempos.

A causa del intenso mestizaje iniciado en la fase de conquista y la gran caída poblacional sufrida por los nativos a causa de enfermedades y maltratos, los descendientes de los incas fueron diezmados y su cultura se vio trastocada al cambiar un sistema agrícola por uno extractivista. Hoy debemos buscar a los herederos de los incas en pequeños pueblos de altura, como Willoc, Keros y Patacancha, o a la salida de la misa dominical de Písac, a donde acuden los viejos varayocs portando sus varas de chonta adornada con plata, tal como lo habrían hecho durante los primeros años del virreinato.

Rescatar y mantener vivas tradiciones ancestrales, como los textiles de Ollantaytambo, o los coloridos ponchos de los wayruros de Chahuaytire representa un verdadero desafío en tiempos del Internet y la televisión satelital, aunque a su vez, estos nuevos medios abren un interesante mercado para exhibir las culturas locales en un mundo cada vez más ávido por las expresiones culturales auténticas.

El hombre andino de hoy, el cusqueño en particular, es como bien indica Luis Nieto Degregori: “las dos caras de Jano, una que mira al pasado y otra que mira al provenir”. Escindidos entre la gloria del pasado prehispánico y las consecuencias de la etapa colonial, los hombres andinos buscan reconciliar su pasado para poder avanzar hacia un futuro que los vuelve a reconocer como depositarios de un legado cultural sin paralelo.

Elementos culturales de procedencia prehispánica aparecen en cada rincón de los Andes, en las chacras, en las fiestas populares, en las vestimentas y en las expresiones; en el quechua que se resiste a desaparecer de las alturas, en el suave sonido de las quenas y antaras, y en el sincretismo religioso que sigue adorando a los cerros bajo el velo de las devociones cristianas.

Desde otra perspectiva, todos los que habitamos los Andes y los llanos costeros somos en cierta forma herederos del Tahuantinsuyo, aunque su impronta cultural solo se vea reflejada en los enormes monumentos que nos legaron y que hoy constituyen el principal motor de nuestra identidad.

Tiempo de fiesta
Es en las fiestas populares donde podemos acercarnos más a la cosmovisión andina, heredera de miles de años de evolución cultural. Con la catequización de los nativos durante la Conquista, las manifestaciones culturales originales debieron camuflarse para sobrevivir. Es así como, cuando los extirpadores de idolatrías colocaron cruces en los cerros, los indígenas aceptaron reverenciar a Cristo mientras, en secreto, continuaban con sus ritos tradicionales, los cuales se hicieron uno solo con el tiempo. La fiesta del Qoyllur R’iti, por ejemplo, es una perfecta muestra de sincretismo religioso, donde los peregrinos llegan a los pies de un glaciar para reverenciar a cristo y realizar el rito primigenio andino, el culto al agua.

De la misma forma, podemos encontrar personajes ‘paganos’ en todas las manifestaciones y fiestas religiosas que se celebran a diario a lo largo de todos los Andes, como una forma de hacer pasar a los dioses originales bajo las túnicas de los santos patrones.